Neuromodulación: técnicas indoloras y prometedoras en enfermedades neurológicas

Hay enfermedades que te cambian la vida para siempre. No te matan, pero trastocan tanto tu vida y la de los que te rodean que todo lo demás pasa a un segundo plano. Es el caso del Parkinson, el Alzheimer, la depresión y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

Todos estos trastornos tienen en común su gran impacto en la calidad de vida y que, hoy por hoy, ninguno se cura. 

Eso no significa que no haya nada que hacer. 

Hay fármacos y otros tratamientos para disminuir los síntomas y mejorar la calidad de vida, y la ciencia no deja de investigar nuevas opciones.

Entre los tratamientos más novedosos y prometedores tenemos la neuromodulación. En este artículo te contamos en qué consiste esta técnica y para qué se usa en el Parkinson, el Alzheimer, la depresión y el TDAH.

¿Qué es la neuromodulación? 

La neuromodulación es un conjunto de técnicas novedosas que consisten en aplicar un estímulo para aumentar o disminuir la excitabilidad de las neuronas y, así, regular su función.

Dicho así, no hay quien lo entienda, así que vamos por partes…

El sistema nervioso central: la red eléctrica más extensa del mundo

Todo lo que hacemos, pensamos y sentimos está controlado por nuestro sistema nervioso central, con el cerebro como el jefe supremo, el que «ordena y manda». 

El sistema nervioso central está formado por neuronas, que se conectan entre sí a través una red de cables. Si pusiéramos las neuronas y sus cables en fila, darían la vuelta al mundo… ¡cuatro veces y media! 

Estos cables transmiten las órdenes del cerebro al resto del cuerpo a través de señales eléctricas y de sustancias químicas.

A veces, por enfermedades o golpes, estas señales no se transmiten adecuadamente. Puede ser que haya cables que no funcionen, que no conduzcan la electricidad. También puede ocurrir lo contrario, es decir, que la electricidad sea excesiva, como cuando un enchufe suelta chispas.

En ambos casos, el circuito no funciona bien, lo cual se puede traducir en un sinfín de síntomas, según la parte del sistema nervioso central afectada: dificultades para moverse o hablar, pérdida de memoria, alteraciones del comportamiento o el ánimo, etc.

Los seres humanos nacemos con un número de neuronas casi igual que el que tendremos de adultos. Sin embargo, las conexiones entre ellas, nuestra red eléctrica, se va formando a lo largo del tiempo. Simplificando mucho, cada vez que un niño recibe algún estímulo y aprende algo, una nueva conexión se forma.

También ocurre lo contrario: cuando las conexiones no se usan, desaparecen. De esta forma, el sistema nervioso está cambiando todo el tiempo, tejiendo y destejiendo su red en función de los estímulos que recibe. Esto se llama plasticidad.

Antes, se creía que la plasticidad cerebral era una característica de los niños, que se perdía a medida que se crecía. Ahora se sabe que no es así: el sistema nervioso de los adultos también puede cambiar. En esto se basa la neuromodulación: a través de estímulos, se consigue que el sistema nervioso cambie y funcione de manera diferente.

Tipos de neuromodulación

Grosso modo, existen dos tipos de neuromodulación:

  • Neurofeedback: se basa en una forma inconsciente de autoaprendizaje que se consigue «premiando» al cerebro cada vez que hace lo que deseamos. Así, el cerebro asocia esa conducta deseada a un premio, a algo positivo, por lo que, poco a poco, conseguimos que repita esa conducta cada vez con más frecuencia. 
  • Neuroestimulación: en este caso, regulamos la función del cerebro aplicando un estímulo eléctrico o magnético.

Vamos a ver cada tipo con más detalle.

Neurofeedback: cuando el cerebro aprende sin darse cuenta

Imagina el cerebro como un gigantesco coro donde las neuronas son los cantantes. Por culpa de una enfermedad, nuestros cantantes desafinan y están descoordinados, así que el coro suena fatal. Para solucionarlo, le buscamos un buen director: un neurólogo que maneja un ordenador con un programa informático especializado. 

Lo primero que hace el neurólogo es conectar ese programa al cerebro mediante un sensor que se coloca en el cuero cabelludo y que es capaz de registrar la actividad de las neuronas. 

Este sensor es como un micrófono que permite al director del coro escuchar bien a sus cantantes y así saber quiénes cantan demasiado alto o bajo, demasiado rápido o lento, quiénes van por su lado… Es decir, el primer paso es hacer un electroencefalograma que registre la actividad eléctrica del cerebro y determine su funcionamiento.

Una vez que el director sabe lo que le ocurre al coro, decide qué hacer para que suene mejor. 

Habrá cantantes que deberán bajar la voz, otros elevarla, otros callarse y otros cambiar el ritmo. El neurólogo programará en el ordenador el protocolo de neurofeedback más apropiado, que especificará en qué zonas del cerebro es preciso estimular la actividad de las neuronas y en qué zonas hay que disminuirla, para que funcionen en sincronía.

¿Y cómo consigue el director que los cantantes aprendan a cantar mejor? Con premios. Cada vez que cantan bien, les da el premio, de forma que, sin darse cuenta, van mejorando para ganar el premio. 

Los premios son juegos de imágenes o sonidos que al cerebro le gustan. La persona tiene sencillamente que prestar atención, sin preocuparse por los resultados. Si el cerebro responde como se espera, las imágenes y sonidos reforzarán esa respuesta. Poco a poco, los cantantes aprenderán lo que se espera de ellos y, al final, ¡será un placer escuchar al coro!

¿Para qué sirve el neurofeedback?

El entrenamiento cerebral mediante neurofeedback mejora la atención, la concentración y la memoria; potencia la creatividad; ayuda a regular las emociones, la impulsividad y el estado de ánimo; mejora el estrés, la ansiedad y el sueño; y reduce el dolor y el cansancio. 

Por ello, el neurofeedback puede resultar beneficioso para el TDAH —tanto del niño como del adulto—, la epilepsia, la migraña, los trastornos de ansiedad, la depresión, el insomnio, la fibromialgia, el síndrome de fatiga crónica, las adicciones, el dolor crónico, los problemas de aprendizaje, los trastornos conductuales en los niños y el trastorno por estrés postraumático. También se ha utilizado para mejorar el aprendizaje y las funciones cognitivas (es decir, la actividad mental) en personas sanas, incluidos los ancianos. 

¿El neurofeedback es peligroso?

No, ni mucho menos. Es una técnica fácil de aplicar que no duele y que, aplicada por profesionales cualificados, no tiene efectos secundarios. Funciona tanto en niños como en adultos.

¿Cuántas sesiones hacen falta?

Muchos pacientes notan ya efectos positivos con las primeras sesiones, pero lo que dicen los estudios científicos es que se necesitan al menos 10 sesiones para obtener algún beneficio. Este beneficio será más duradero cuantas más sesiones se hagan. Algunas personas pueden requerir 20 o, incluso, 30 sesiones, en función del tipo de patología y su gravedad.

Habitualmente, se programan 2 o 3 sesiones por semana. Cada sesión dura entre 30 y 40 minutos.

Neuroestimulación: corrientes eléctricas y magnéticas beneficiosas para el cerebro

En este tipo de neuromodulación, se aplica una corriente eléctrica o un campo magnético para influir en la plasticidad del cerebro. Se aumenta o disminuye la actividad cerebral, según el comportamiento que deseemos obtener. 

La neuroestimulación puede ser invasiva (el electrodo se pone dentro del cráneo) o no invasiva, que es la que nos interesa aquí. En ella, el electrodo se pone en la superficie del cuero cabelludo o la piel. Dentro de estos métodos no invasivos destacan la estimulación eléctrica transcraneal de corriente directa (tDCS, por sus siglas en inglés) y la estimulación magnética transcraneal (EMT). 

Estimulación eléctrica transcraneal de corriente directa (tDCS)

En la tDCS, se aplican diminutas corrientes eléctricas de muy baja intensidad (1-2 miliamperios) mediante un gorro que contiene unos electrodos que se colocan sobre el cuero cabelludo. A pesar de tratarse de una corriente mínima, es capaz de atravesar el cráneo y llegar al cerebro, para modular su actividad. 

¿Para qué sirve la tDCS?

Esta técnica se usa para reducir el dolor (por ejemplo, en la fibromialgia) y tratar la depresión. 

Otras patologías en las cuales la tDCS es también muy prometedora son el Parkinson, la ansiedad, el trastorno obsesivo-compulsivo, la epilepsia, los acúfenos (ruidos en el oído), la migraña, la esquizofrenia, las adicciones y el Alzheimer.

La tDCS potencia la eficacia de los tratamientos farmacológicos y psicoterapéuticos, permitiendo en muchos casos reducir la dosis de los medicamentos. Además, mejora y acelera la recuperación neurológica —por ejemplo, tras un ictus—, por lo que sirve como apoyo en los programas de rehabilitación.

¿La tDCS es peligrosa?

No, no lo es. El tratamiento con tDCS no requiere ninguna preparación previa y es apta tanto para niños como para adultos. No duele, aunque casi todos los pacientes notan un leve cosquilleo o picazón en la zona donde se aplica la estimulación. Alguna vez puede aparecer dolor de cabeza o mareo, leves y pasajeros. 

¿Cuántas sesiones hacen falta?

La tDCS tiene un efecto acumulativo, es decir, los cambios se van sumando sesión a sesión y es este efecto acumulado el que conseguirá una neuromodulación a largo plazo. Por eso, las sesiones deben repetirse con regularidad

Las sesiones duran entre 10 y 30 minutos. Los efectos de una sesión aislada persisten entre 30 y 120 minutos, pero cuando se realizan sesiones repetidas (por ejemplo, 5-10 días), los efectos terapéuticos pueden prolongarse hasta 6 meses. A más sesiones, mayor es la duración del efecto.

Al principio, las sesiones se aplican en días consecutivos o alternos. El número de sesiones dependerá de cada enfermo y de la patología.  En los protocolos para tratar el dolor, se suelen dar 5-10 sesiones consecutivas, y para la depresión, 10-15 sesiones; sin embargo, a veces se necesitan más. Posteriormente, se pasa a las sesiones de recuerdo, que pueden ser semanales, quincenales o mensuales. 

Estimulación magnética transcraneal (EMT)

En este caso, lo que se aplica sobre el cuero cabelludo es un campo magnético de breve duración, que a su vez inducirá una corriente eléctrica capaz de regular la actividad cerebral. El campo magnético se aplica mediante una bobina electromagnética en contacto con el cuerpo cabelludo.

¿Para qué sirve la estimulación magnética transcraneal?

La EMT se usa para mejorar la depresión, el trastorno obsesivo-compulsivo, la adicción a la cocaína, la epilepsia, el dolor, el trastorno motor en la enfermedad de Parkinson, las alucinaciones en la esquizofrenia, la función cognitiva en las demencias, y la recuperación motora y del lenguaje después de un infarto cerebral.

¿La estimulación magnética transcraneal es peligrosa?

La EMT es segura y se tolera bien, aunque puede producir algunos efectos secundarios leves, sobre todo en las primeras sesiones: dolor de cabeza o cuello, o sensación de hormigueo. Otros efectos adversos más graves, como las crisis epilépticas, son excepcionales. 

Después de una sesión de EMT, el paciente puede hacer una vida completamente normal. 

¿Cuántas sesiones hacen falta?

Depende de la patología y la gravedad, pero, por lo general, las sesiones se realizan diariamente o 4-5 veces por semana durante 4 a 6 semanas. En el caso de las migrañas, se realizan 3 sesiones de unos 7 minutos en días alternos. 

La neuromodulación en la práctica: uso en diversos trastornos

Ya hemos repasado los aspectos generales de la neuromodulación. Ahora, vamos a ver para qué sirve en cuatro enfermedades concretas: Parkinson, Alzheimer, depresión y TDAH. 

La neuromodulación en la enfermedad de Parkinson

Esta enfermedad se caracteriza por síntomas motores (rigidez, temblor, lentitud de movimientos, alteraciones de la marcha y el equilibrio) y también de otro tipo, como alteraciones del humor y del sueño o de las funciones cognitivas (dificultad de aprendizaje, pérdida de la memoria y la capacidad de atención, etc.).

La técnica más estudiada es la EMT. Los estudios muestran que mejora los síntomas motores, aunque el tipo concreto de síntoma y el grado en que mejora varía según los estudios. También mejora la depresión y las funciones cognitivas. 

La tDCS podría mejorar algunos síntomas motores, como la marcha y la lentitud de movimientos, así como el estado de ánimo y algunas funciones cognitivas. Es una técnica menos investigada que la EMT.

Tampoco se sabe mucho de los efectos concretos del neurofeedback en el Parkinson, ya que apenas hay estudios. De los síntomas motores, se sabe que podría mejorar el equilibrio. En cuanto a síntomas como la depresión o las alteraciones cognitivas, es lógico suponer que podrían también mejorar, pero no hay estudios específicos.

La neuromodulación en la enfermedad de Alzheimer

La neuroestimulación, sobre todo la EMT, ha mostrado mejorar la memoria y las pruebas de evaluación cognitiva en diversas investigaciones. Sin embargo, aunque estos resultados son esperanzadores, hay que tener en cuenta que se basan en estudios pequeños.

El neurofeedback mejora la atención, la concentración y la memoria, entre otras funciones cognitivas. Por tanto, podría ser beneficioso en las personas con Alzheimer. Los estudios son escasos, pero muestran resultados alentadores.

La neuromodulación en la depresión

Son muchos los estudios científicos que avalan la EMT en el tratamiento de la depresión, tanto sola como en combinación con fármacos antidepresivos o psicoterapia. Un protocolo típico para la depresión incluye entre 10 y 20 sesiones consecutivas (al menos, 5 días a la semana) de entre 30 y 45 minutos. Algunos pacientes mejoran ya a las 2-3 semanas, pero la mayoría precisan 20 o 30 sesiones durante 6 semanas. 

La tDCS consigue una respuesta eficaz y rápida en la depresión. Después de repetir la estimulación una vez al día durante 3 semanas, los síntomas mejoran en la mayoría de los pacientes. Diversos estudios muestran que su potencia es similar a la de los fármacos antidepresivos, sin los efectos secundarios de estos. Cuando se usan en combinación, la tDCS potencia el efecto de la medicación y, en muchos casos, permite reducir la dosis. La tDCS mejora el estado de ánimo, disminuye la ansiedad, mejora el sueño y el apetito y permite que la persona funcione mejor en la vida diaria.

El neurofeedback también reduce los síntomas de la depresión. 

La neuromodulación en el TDAH del adulto

Las técnicas de neuromodulación se han estudiado, sobre todo, en niños.  Sin embargo, se sabe que el TDAH persiste en la edad adulta hasta en el 50 % de los casos y limita las actividades sociales, laborales y académicas.

En niños, el neurofeedback parece mejorar las alteraciones del comportamiento, la atención y el control de la impulsividad. En adultos parece que también es efectivo, aunque apenas hay investigaciones. 

La tDCS ha mostrado resultados prometedores en diversos estudios: mejora la atención, el control de los impulsos y la puntuación en las escalas que evalúan el conjunto de los síntomas de TDAH.  

Por su parte, las pocas investigaciones que hay sobre el efecto de la EMT en el TDAH no son tan alentadoras como en las otras técnicas de neuromodulación.

Para finalizar, una advertencia

Como hemos visto, las técnicas de neuromodulación son seguras y eficaces para mejorar un gran número de síntomas en diferentes patologías. Sin embargo, a pesar de lo prometedoras que son, debemos recordar que son técnicas novedosas que siguen evaluándose y estudiándose. Todo lo que te hemos contado aquí está basado en lo que dice la literatura científica, pero debemos ser cautos y entender que falta mucho camino por recorrer. Quedan muchos aspectos por dilucidar, como cuáles son los protocolos más adecuados en cada caso o los efectos concretos en muchos otros síntomas y patologías. 

Por último, recuerda que estos tratamientos no sustituyen a los convencionales, sino que los refuerzan y complementan. Son una herramienta más en el camino hacia una vida mejor, en la que tú —y no tu enfermedad— tengas, por fin, el control.

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